El relato del reloj
El gran reloj de caja larga holandés con autómata del siglo XVIII
Una historia de guerras, milagros y una amistad que cruzó el océano.
1765
Año de origen
240
Años de historia
4
Países que ha habitado
2
Guerras mundiales sobrevividas
Hay objetos que solo miden el tiempo. Y hay otros que lo atraviesan. Éste es, para nosotros, el más memorable de cuantos han pasado por el taller: un verdadero sobreviviente de guerras, huracanes y de más de dos siglos y medio de historia. Su relato es tan largo (pido perdón) y tan fantástico que sería digno de una serie en Netflix.
El viaje de la pieza
Dos siglos y medio en movimiento
Ámsterdam, Países Bajos
Rutgerus van Meurs fabrica el reloj de caja larga con autómata.
Mannheim, Alemania
La pieza llega a manos de Balthasar Stephan Birkel, fundador de una fábrica de pasta en 1898.
Primera Guerra Mundial
46 ataques aéreos sobre la ciudad. El reloj no se daña.
Segunda Guerra Mundial
Mannheim queda destruida casi por completo. El reloj sobrevive sin un rasguño.
El imperio de la pasta
Klaus, bisnieto de Balthasar, convierte la empresa familiar en una multinacional.
Rumbo a Texas
Klaus vende a Danone, migra a EE. UU. y compra el rancho Camp Cooley con el reloj en el equipaje.
La crisis y el petróleo
Tras la quiebra de Lehman Brothers vende sus bienes; justo antes, hallan gas y petróleo en el rancho.
San José del Cabo · Huracán Odile
El huracán devasta la casa. La pieza de 240 años se mantiene firme de pie.
El rescate
Markus y su equipo viajan a Baja California a rescatar lo que parecía perdido.
La despedida de Klaus
Klaus fallece. Su amistad con el taller ya se había vuelto de familia.
Un bosque en Arkansas
El reloj sigue funcionando a la perfección en la sala de Bonnie, dando puntuales sus campanadas.
El maestro de los Países Bajos
Fabricado en el siglo XVIII (ca. 1765–1770) por el distinguido maestro relojero Rutgerus van Meurs, quien aprendió el oficio como aprendiz de su padre. Rutgerus era uno de los pocos artesanos de la época que no solamente sabía fabricar relojes simples de caja larga, sino también musicales, con autómatas y astronómicos. Era conocido por la excelente calidad de sus relojes y su estrecha colaboración con los mejores pintores y fabricantes de muebles.
La maravilla mecánica de la época de oro holandesa llegó, en algún momento a finales del siglo XIX, a manos de Balthasar Stephan Birkel. En 1898, Balthasar fue el primer hombre en fundar una modesta fábrica de pasta en Mannheim, una ciudad industrial al sur de Alemania.
El rey de la pasta y las dos guerras
Durante la Primera Guerra Mundial se registraron 46 ataques aéreos sobre la ciudad. El reloj no se dañó. Veintisiete años más tarde, el 14 de febrero de 1942, se emitió la Directiva No. 22, que autorizaba sin restricciones el bombardeo de varias ciudades alemanas. Durante la Segunda Guerra Mundial, Mannheim quedó destruida prácticamente por completo.
Los milagros sí existen: el reloj sobrevivió sin un rasguño.
Klaus, bisnieto de Balthasar y último miembro de la dinastía familiar al frente de la empresa, no solamente heredó el reloj de su padre intacto: también logró convertir el negocio familiar en una multinacional en la década de 1970.
Corría el año 1985 cuando la inspección alimentaria del gobierno ridiculizó públicamente al fabricante, acusándolo de haber introducido en el mercado productos en mal estado. En consecuencia, la gente dejó de comprar pasta. Un error, como se vio más tarde. Tras años de litigio, Birkel recibió 12.7 millones de euros por daños y perjuicios del estado federado de Baden-Württemberg. Pero para entonces Klaus había perdido el interés en el negocio de la pasta y, en 1991, vendió su imperio al Grupo Danone para hacer realidad un viejo sueño.
El vaquero de Texas
Con el reloj de su bisabuelo en el equipaje, migró a Estados Unidos, compró un rancho de 4,500 hectáreas en Texas y se convirtió en agricultor. El comienzo no fue fácil: Camp Cooley llevaba años sin gestionarse y estaba bastante deteriorado, y él no tenía ni idea sobre la cría de ganado. Pero tuvo la perseverancia necesaria, el dinero necesario y, junto con su nueva esposa Bonnie, una famosa jinete de rodeo, empezaron a criar ganado Brangus, una mezcla entre Brahman y Angus.
El trabajo duro dio frutos. Llegaron a tener 9,000 cabezas de ganado, además de criar en 400 hectáreas seis especies de venados y cinco de antílopes. Cada año organizaban una gran subasta; el esperma y los embriones de Camp Cooley se vendían en todo el mundo. Incluso los americanos tuvieron que quitarse el sombrero ante el antiguo rey de la pasta y la chica campesina, convertidos en los ganaderos más exitosos del país.
El reloj que llevaba el mundo dentro
En la sala de su casa, dentro del rancho, los visitantes siempre quedaban sorprendidos al admirar el espectacular reloj con su autómata, que representa en la carátula —pintada al óleo— la bulliciosa ciudad de Ámsterdam: gente caminando y, en el puerto, los navíos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Todo un espectáculo, además de marcar las mareas, el calendario y contar con despertador.
Como dato adicional: hasta hoy, la VOC —que existió durante 200 años— sigue siendo la empresa más valiosa que jamás haya existido. Entre muchas otras cosas, sus posesiones incluían 500 navíos y lo que ahora son Malasia e Indonesia.
La crisis y el nuevo viaje
Paralelamente, el matrimonio se aventuró a construir viviendas para estudiantes universitarios y, más adelante, edificios residenciales en Dallas y San Antonio. Birkel Residential Group llegó a ser una de las constructoras más grandes de Texas. Luego, el 15 de septiembre de 2008, Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión de Estados Unidos, se declaró en bancarrota: el principal detonante de la crisis inmobiliaria que afectó al mundo entero.
Para Bonnie y Klaus, todo el trabajo se fue al carajo. Para salvarse, primero vendieron sus edificios y, finalmente, en 2011, también su amado rancho. Pero justo antes de firmar el contrato de venta se encontró gas y petróleo en el subsuelo. Con la suerte de su lado, pudieron pagar todas las deudas. Era tiempo de empezar una nueva vida. Empacaron sus pertenencias y el hermoso reloj del bisabuelo hizo otro gran viaje, esta vez a México, a San José del Cabo, donde compraron una hermosa casa con alberca y vista al mar.
El huracán Odile
Corría el año 2014 cuando el huracán Odile, considerado el más grande en tocar tierra en la península de Baja California, apareció justo enfrente de su residencia a su paso por Los Cabos. Durante más de 36 horas se mantuvo firme sobre la región. Los vientos violentos y las lluvias torrenciales tumbaron la puerta de la terraza, entraron a la casa —construida a prueba de huracanes— y salieron por la puerta principal, dejando atrás un verdadero desastre. Muebles y antigüedades volaron por la casa, fueron destruidos o quedaron empapados.
La pieza de 240 años, en medio de tanta destrucción, se mantuvo firme de pie.
Rescatar lo que parecía perdido
Afectada gravemente por el agua, la maquinaria se oxidaba rápidamente y la caja de madera de nogal gritaba por ayuda. La aseguradora estimó el daño total de la casa y el mobiliario en medio millón de dólares. Fue el momento en que me contactaron. Tres semanas después abordamos, con muchísimo equipaje, un avión rumbo a San José. A rescatar lo que parecía perdido.
Habitualmente no trabajamos con ropa tan veraniega, pero hacía mucho calor, con temperaturas por arriba de los 40 grados. Literalmente nos ganamos, sudando, el dinero de la aseguradora, trabajando jornadas de hasta 20 horas diarias. Durante nuestra primera estancia de dos semanas rescatamos ésta y otras piezas históricas.
EL RESCATE
Jornadas de hasta 20 horas, con más de 40 grados. Toca cualquier imagen para ampliarla.
Nunca ningún cliente nos había atendido así: Bonnie y Klaus nos trataron como de la familia y, con el tiempo, se forjó una gran amistad. Después volvimos varias veces a Baja California porque siempre había mucho trabajo, hasta de sus amistades. Inolvidables las noches en su cocina: estupendas cenas y pláticas en alemán en las que Klaus y yo nos contábamos, entre carcajadas, nuestras aventuras. ¡Y las caras de José Luis y Bonnie, que no entendían nada!
Una amistad y una despedida
A veces ellos venían a la Ciudad de México y convivían con nuestras familias. Lastimosamente, Klaus no pudo disfrutar mucho tiempo de su magnífico reloj: falleció en mayo de 2018. Como decía el eslogan de la más prestigiosa marca relojera suiza:
Nunca es del todo suyo. Suyo es el placer de custodiarlo hasta la siguiente generación
Pero la vida sigue. Después de la gran pérdida, y para no estar sola, Bonnie decidió vender la casa y regresar a San Antonio. Poco antes de la pandemia nos pidió ir una última vez para empacar el reloj para la mudanza. ¿Te imaginas el tamaño de la caja de madera que fabricamos y la cantidad de relleno amortiguante para que el delicado reloj llegara bien a su nuevo destino?
El regalo de Bonnie
El transporte lo organizó el manager de Julio César Chávez. Durante la última cena nos contó sobre la difícil labor de la fundación del ex boxeador mexicano, que apoya a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad en el tratamiento y la prevención de adicciones. Al llegar a casa, por la noche no pudimos dormir. Con la luz de la luna llena nos dimos un último chapuzón en la alberca y brindamos por la memoria de Klaus con su bebida favorita.
En la mañana, Bonnie me tenía una sorpresa. Me dijo: «Ustedes dos siempre parecían niños que acababan de hacer una travesura, y Klaus siempre se veía tan feliz riendo y platicando contigo. Quiero donar cuatro piezas de su colección para tu museo». ¡Vaya sorpresa! No me lo esperaba ni en sueños. Y no fueron baratijas.
Yo sabía que una de ellas, un hermoso bracket clock de madera de ébano hecho por otro distinguido maestro relojero de Praga en 1698, también pertenecía a la familia de Klaus. Hoy no solamente es el único reloj del siglo XVII y el más antiguo del museo: también es una pieza de gran valor sentimental, con la responsabilidad de custodiarla hasta la siguiente generación.
El reloj sigue andando
Por el momento, ésa fue la última vez que vimos a Bonnie en persona. Primero lo impidió la pandemia; luego se mudó a Arkansas y últimamente tenemos mucho trabajo, pero seguimos en contacto regular con ella. Sabemos que la majestuosa obra de Rutgerus tiene ahora un lugar especial en la sala de su nueva casa, rodeada de un tranquilo bosque.
Estamos seguros de que Klaus estaría feliz y habría aprobado su nuevo hogar. En cada carta, Bonnie me asegura que el reloj sigue funcionando a la perfección, dando puntuales sus campanadas y luciendo como en aquellos tiempos.
Cada objeto guarda una historia
¿Tu tesoro también merece que lo rescaten?
Si una pieza de tu familia esconde un relato así, o simplemente el recuerdo de quienes la amaron, con mucho gusto hacemos un diagnóstico y presupuesto.